Jueves 23 de Mayo de 2013
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Un mundo aparte por Gerber Cucurell

Gerber Cucurell, miembro de Grifone® Test, cuenta sus últimas hazañas en Inglaterra y Gales

 

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Estuve más de diez años escalando antes de visitar las islas Británicas por primera vez. Lo había probado casi todo: artificial, deportiva, grandes paredes... Pero nada ya no era como el principio, cuando todo era nuevo y lo tenía todo por descubrir. Escalar ya no me gustaba tanto como antes porque me faltaban objetivos que me llenaran y, esto hacía que despacio fuera perdiendo la motivación. Pero todo esto cambió cuando tuve la ocasión de participar en un mitin internacional de escalada que se celebra cada dos años al norte de Gales. Gracias a aquel viaje conocí un mundo nuevo: una infinidad de sectores llenos de vías por todo por todas partes pero con una roca completamente limpia de hierros. Era increíble. Aquellos galos no sólo estaban lo suficiente fuertes para poder encadenar vías de hasta 8 grados, sino que además las sabían proteger con un juego de cuñas y unos friends variados. Todo aquello me fascinó. Las paredes eran desnudas, tal y como son, y esto hacía que la escalada era simplemente real y sin engaños. ¡El ambiente era fantástico, todo el mundo escalaba, niños, jóvenes e incluso viejos! Cada cual a su nivel. Uno de los primeros lugares que visitamos fue el sector denominado "Dinas Cromlech", un diedro perfecto de cuarenta metros de alto con una roca muy especial que ellos denominan "Ryolitich Breccia", para entendernos, una especie de roca volcánica plena de arrugas y agujeros por todas partes. Por la fisura del diedro subía la súper clásica "Cenotaph Corner" una vía muy famosa abierta por John Brown al 1952. Las dos caras del diedro, el "Left Wall" y el "Right Wall" (pared derecha y pared izquierda) estaban llenas de vías, todas ellas limpias. "Resurrection" (E4 6a o 6c de aquí si estas equipado) fue mi primera vía difícil en este sector. Empezaba por un muro vertical dónde se había de ir jugando con las cuñas por hacerlas entrar en agujeros de formas bien variadas. El caso es que me iba hinchando despacio y cuando ya traía 45 minutos escalando, mis brazos parecían piedras y las manos ya no cerraban tanto fuerte como el principio. Encontré un pequeño reposo antes de hacer el paso más difícil y, con un fuerte ardor de estómago conseguí llegar a la reunión. Muchas sensaciones por una vía de sólo 40 metros, aquello me estaba enganchando.
Durante la semana del mitin pudimos escalar muchas vías como aquella, todas de una calidad excepcional y siempre con la sensación de haber escalado itinerarios de gran envergadura, aunque no superaran los 40 metros de altura. Cuando volví a Cataluña mi mentalidad había cambiado. Me aburría haciendo deportiva porque siempre le echaba de menos aquello que también forma parte de la escalada que es la autoprotección y la lectura del terreno. Desde el retorno de mi primer viaje a Gales, no paré de abrir vías de escalada tradicional y despacio fui aprendiendo a subir por todas partes sin utilizar espits. Paredes que antes me parecían imposibles de proteger, ahora las podía subir con seguridad porque sabía colocar cuñas o friends en cualquier lugar. Así abrimos vías como "Pecata Minuta", un 7b en Montserrat, de 55 metros de los cuales 45 son desplomados. Jordi y yo estuvimos volando más de 15 metros sobre friends y cuñas mientras abríamos esta vía. No se arrancó ni uno. Hartos de abrir y con muchas ganas de repetir, Estuvimos planeando otro viaje al Norte de Gales. Pero a los pocos días haber llegado, enseguida pudimos comprobar que, aunque habíamos aprendido muchas cosas, los galos nos seguían un pie por delante con sus increíbles vías. Aún así pudimos escalar vías muy difíciles como "Lord ofoff the Flyes" (E6 6a) o "Rainvow ofoff Recalcitrance" (E6 6b o 7c). Esta última ha estado hasta ahora la vía más bestia que he subido nunca. Era una línea preciosa, increíble: una gran placa de pizarra lisa de calidad excepcional que le seguía una microfisura al principio, y continuaba por una gran arruga con forma de arco dónde no se podían colocar protecciones. Los galos describen el tipo de escalada que se desarrolla en este lugar como una escalada de adherencia pero con roca sin adherencia. Y ciertamente era así, en algunos momentos te debías mover rápido porque notabas como los pies iban resbalando. Es sorprendente la variedad de materiales rocosos que hay en este país: pizarras, cuarcitas, diorita, arenisca, roca volcánica y cosas muy extrañas, de todo, menos desplomes de calcáreo con canto. Esto hace que se desarrolle una escalada muy técnica, dónde el equilibrio y la colocación valen más que la fuerza sucia.
Tras estar una semana y media en Gales cogimos la autopista y llegamos a Escocia, la tierra de los mosquitos y del mal tiempo. Pero la suerte se puso de nuestra parte y pudimos disfrutar de unos días fabulosos. Pasado Glasgow, se entraba ya en un terreno remoto: cuatro carreteras y grandes extensiones sin pueblos ni ciudades, siempre con un paisaje precioso y pelado de vegetación, que nos recordaba algunos momentos las cotas más altas de las montañas de nuestros Pirineos. "Creag A´Bhancair" fue nuestro primer contacto con las rocas escocesas, una pared de 120 metros que con los dibujos de la guía parecía lo suficiente atractiva. Pero nos quedamos más sorprendidos al ver aquella cara en la sombra, medio desplomada, llena de liquens y con una piedra rota. Daba miedo, pero ya estábamos allí y no quisimos desistir. El problema era que ninguno de los dos quería empezar. Finalmente lo echamos a suertes y le tocó a Jordi... La segunda sorpresa fue que al final la roca era como un mármol muy compacto y, de líquens sólo había durante los primeros metros. La vía se llamaba "The Risk Bussines" (E5 6a). El día siguiente continuamos hacía el norte, hasta Fort William, una pequeña ciudad junto al mar. Era sorprendente ver el contraste de los barcos pesqueros con los abetos al tocar el agua. Allá visitamos la zona del Glen Nevis un gran valle lleno de pequeñas rocas por doquier, de las que aquí nadie haría caso. Los escoceses lo aprovechan todo, escalamos vías como "Edgehog" (E3 5c) y "Donde The Beach" (E5 6a), la típica vía de fisura que cuando se termina no puedes poner nada hasta la reunión y, pasas mucho miedo... A partir de entonces, nuestra intención era viajar hasta la isla de Lewis, dónde hay grandes escaladas sobre gneis y vías de varios largos, pero un pequeño accidente con el coche de alquiler nos hizo cambiar de planes. La abolladura que le habíamos hecho a los bajos nos podría costar la una fianza de 500 libras, y por eso es por lo que decidimos ir tirando hacía para evitar más gastos. De camino a Inglaterra pasamos por las montañas de los Cairngorms para escalar el Shelter Stone, una pared de granito de unos 250 metros. La aproximación fue complicada y confusa. Subimos a pie hasta el fondo de un valle, dónde nos pensábamos que encontraríamos la pared. Pero todavía debíamos ganar unas pendientes hasta un cuello, cruzar una gran explanada nevada, bajar al valle que había al otro lado y, remontar una tartera hasta pie de vía. La pared era una fría cara norte que nos recordaba a algún rincón de las agujas de Chamonix. "Thor" (E5 6b) era la vía que íbamos a hacer. Un sistema de diedros de roca pulcra y con una fisura casi inexistente, formaban el conjunto del itinerario. Bien, de hecho, se debe decir que en nuestra casa, de cualquier cosa se dice diedro, pero por los escoceses aquello eran "overlaps" o sea como un diedro pero estrecho, y en diagonal. La vía fue alucinante y, por el momento se encuentra entre las cinco mejores que he escalado nunca. Era algo así como un 7b excepcionalmente técnico y que se aseguraba con cuñas muy pequeñas. Tras esta ascensión volvimos a Inglaterra para pasar unos días al famoso Peak Disrict, dónde por cierto, hacía tanto calor que la roca resbalaba. A pesar de este gran inconveniente pudimos escalar vías como "London Wall" (E5 6a) o "Edge Lane" (E5 5c), una arista afilada dónde sólo se podía poner un tricam con los 15 metros que tenía la vía. Para hacerse daño la verdad. Después empezaron a venir las típicas lluvias de este país y, decidimos volver a casa. Desde que hemos vuelto que el Jordi no ha vuelto a escalar. Dice que prefiere no escalar que escalar con parabólicas...

Gerber Cucurell
 

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