| Primavera Alpina, Por Oriol Baró |
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 Este año, después de Semana Santa, entre los compromisos de trabajo y el dichoso papeleo para que me dieran la esperada titulación y la chapa de guÃa UIAGM, la escapada no ha podido ser tan larga como hubiera querido. La llegada a la Berarde es de lo más esperanzadora, calorcito y la nieve que se ve cerca. Sin entretenernos demasiado, hacemos la mochila, que como siempre resulta demasiado pesada. La primera hora de camino es a pie, asà que tendremos que llevar todo el equipo de esquà en la espalda. Pero cuando nos calzamos los esquÃs ya se ve al fondo la imponente silueta de la Meije de 3982 m, la reina del Oisans. Nos cuesta casi seis horas llegar al refugio de Promontoire. Realmente el lugar es maravilloso, un refugio colgado en medio de un espolón de roca a más de mil metros de altura, con la imponente cara sur de la Meije detrás. Nos decidimos por la vÃa Allain, es la más clásica de las vÃas que recorren toda la cara sur. Como hay bastante nieve en la pared nos llevamos grampones y piolets para bajar por la normal. Por la mañana el frÃo es punzante pero las buenas condiciones nos hacen avanzar rápidamente; en cambio, al llegar a la zona media de la vÃa, los regueros de agua y la nieve en los neveros nos obligan a muchos cambios de calzado. TodavÃa no ha comenzado el mes de junio y ya hemos hecho una "grande curse" roquera en los Alpes, esto pinta bien. La semana siguiente la pasamos en los Ecrins, una vÃa de roca con esquÃs para llegar a la pared en Las Bandos y una más deportiva en la Tete d'Avall. El tiempo está bastante revolucionado, pero aún asà decidimos probar suerte en Chamonix. La llegada a la meca del alpinismo es bastante desalentadora, llueve a cántaros, pero Luichy, un amigo de la Ribagorza, nos ha pasado una reseña de una vÃa un poco más abajo de Chamonix que se podÃa hacer aunque lloviera. La pared de la Madaleine es espectacular, desplomada y con buenas vÃas del Piola. El dÃa está nublado, pero no llega a llover y podemos disfrutar de una buena escalada a pesar de las vistas a la autopista. Al dÃa siguiente mejora el tiempo y después de comer cogemos el tren de Montenvers. La mochila es exageradamente pesada. El refugio de Envers está aún sin guarda y llevamos comida para estar en él una semana. TodavÃa hay mucha nieve y el último trozo de camino se hace eterno, con el refugio a la vista y sin poder llegar a él. Las paredes están algo mojadas y las repisas con nieve, pero vamos escalando y avanzando. Hacemos dos vÃas, después un dÃa de descanso y dos vÃas más. Todas las rutas que hemos escalado tienen el sello Piola; ¡qué trabajo que ha hecho este incansable aperturista! Reseguimos las fisuras de la primera pointe los Nantillons, L'Aiguille del Roc, la Pyramid y la Torre Rouge. El tiempo no siempre es perfecto pero, el hecho de rapelar todas las vÃas y la proximidad del refugio, permiten probar suerte todos los dÃas. Chamonix no es el Chalten y el asado lo tenemos que cambiar por un menú de mediodÃa en uno de los numerosos restaurantes. Al dÃa siguiente con una meteorologÃa bastante deplorable encaramos el camino hacia el último destino: Dolomiti. Sólo tenemos una idea en la cabeza: la cara sur de la Marmolada y una vÃa la Vinatzer-Messner. La temporada de escalada aún no ha comenzado, además este año ha nevado muchÃsimo. Siguiendo las instrucciones de Giorgio, un pizzero-escalador de Caprile, dejamos de lado la Vinatzer que estará muy mojada para atacar la ultra clásica Don Quixote. Hace unos años que Santi, un amigo catalán se instaló con su esposa en el Valle di Zolder a una hora escasa de Caprile. Esta vez tenemos la excusa perfecta para visitarlo. Es un habitante más de las dolomitas, trabaja de guÃa y conoce perfectamente todos los rincones, tanto de verano como de invierno. Después del merecido descanso todavÃa queda un dÃa de buen tiempo y aprovechamos para ir a la Rochet alta de Bosconero una pared tÃpicamente dolomÃtica. Santi nos aconseja la vÃa Strobel una escalada exigente del famoso Sexto Grado, la vÃa resulta buenÃsima un poco difÃcil de encontrar en la parte baja y más evidente después. El problema lo encontraremos en la bajada, una canal llena de nieve nos hace sudar de lo lindo, con las zapatillas y una piedra en cada mano en forma de piolet. Llegando al coche la lluvia se hace intensa, además las ganas de escalar están ya bajo mÃnimos.
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