Lunes 06 de Septiembre de 2010
Home Magazine Alpinismo Hagakure. un camino entre las piedras

Últimas Noticias

News image

Otoño listo

El verano de Jordi Tosas, miembro de Grifone® Team, anecdotas, lugares…

News image

Oriol Baró abre una nueva ruta en la vertiente este de San Lorenzo (Patagonia)

Grifone®Team. Oriol Baró describe su grata experiencia abriendo esta nueva rut...

News image

Grifone Winter 08/09: Hard Venture Equipment

Acompañada por los primeros fríos, la nueva colección Grifone® Winter 08/09 ...

News image

14x8000 - Diario Edurne - Shisha Pangma. Retirada

Edurne envía los últimos comunicados contando lo que sucede desde el Shisha Pa...

News image

Un mundo aparte por Gerber Cucurell

1&1 - Gerber Cucurell, miembro de Grifone® Test, cuenta sus últimas hazañ...

News image

Edurne Pasaban llega al techo del Manaslu con Grifone

El reto de la alpinista vasca Edurne Pasaban Lizarribar se ha conseguido: corona...

Hagakure. un camino entre las piedras PDF Imprimir Correo electrónico
Jordi Tosas ha sido miembro de la expedición K2 Magic Line 2004, que tuvo que abandonar el 4 de agosto por compromisos profesionales. Aquí comparte la intensidad de sus vivencias y emocionesHagakure. un ca

 

Clicar imagen para ampliar

 

A LA TIERRA
La belleza de un jardín está en la simplicidad de sus líneas. La armonía de las rayas dibujadas por colores y formas de una naturaleza artificial. De un arte creado por el hombre para relajar su vida. Que gigantes osaron desafiar a que dioses –si existen unos y otros- creando esas líneas ciclópeas del anfiteatro del Baltoro. Ese gigante jardín esconde una flor, de una belleza pura. Como la flor del cerezo, simple y efímera, bella. Esa belleza que termina con la vida misma, antes de marchitarse cae al suelo, muere. No esa rosa que intenta deslumbrar con sus colores marchitos desde el jarrón de una sombría estancia.
El K2 es un cerezo que da sombra a los torrentes de hielo del Baltoro. La Magic Line es una blanca flor. Sus rocas, esas tonalidades rosáceos. Una flor de líneas simples, rectas hasta la cima. De colores puros, blanca nieve, roja roca. De sentimientos simples, pero auténticos.
Por qué elegimos la ruta más difícil para subir a una montaña, quizás porqué era la más fácil de las que quedaban por escalar aún. No queríamos subir a la Magic, subíamos por Magic tal y como queríamos hacerlo. Simplemente nada más importaba en absoluto. Porqué para nosotros, nada más existía en ese momento.

AL AGUA
Dos años antes había estado con Jordi y Mikel en la Kuckuzka. Ya conocíamos la montaña y estábamos seguros que no era un objetivo nada fácil. No sólo iba a ser duro técnicamente. Sino que iba a exigir una entrega de compromiso que pocas veces se asume. Nuestro equipo era pequeño, muy ligero, cinco personas de las cuales cuatro escaladores. Cuando los polacos escalaron la ruta, habían trabajando en ella cuatro expediciones. Y todas las referencias de los canadienses y los eslovenos, que la intentaron posteriormente, eran, cuanto menos, desalentadoras. Pero, qué es sino el alpinismo. La misma vida es la superación de retos. El reto es demasiado grande cuando no nos atrevemos a hacerle frente, en el otro caso, es simplemente una superación más. Seguimos trabajando en la ruta porqué los problemas bien planteados nunca pasan a mayores y nada se consigue sin esfuerzo, realmente era una escalada de altura bellísima.
El Negrotto costó de abrirse y aprendimos que nada iba a ser fácil. Pero lo mejor es que no queríamos escalar, sencillamente escalábamos, ese fue el secreto de que la progresión nunca se detuviera. Cada día era un día más de ascensión, si estabas abriendo un largo de roca a siete mil te fundías en esa inmensa brutalidad de los abismos de la oeste y las paredes de la Magic cayendo hacia la cara sur. Y tus ojos se perdían en los horizontes de China. Los desiertos nevados reflejando mil rayos de luz al cielo cobalto. Si estabas bajo la nevada en el campo base, tu mente depuraba el siguiente paso en la línea hacia la cima. Una cima que a la vez poco nos importaba, la madurez surgía por el camino a alguna parte. O, quien sabe, hacia ninguna.

AL FUEGO
El éxito y el fracaso son, simplemente, manifestaciones de un mismo proceso. Sólo estados momentáneos de la misma situación. Todo descansa en un estado de vacío emocional, sólo nos afecta a través de nuestro apego a los deseos de llegar a sentir algo concreto. Quien calcula se apega cobardemente a una situación imaginaria.
Si Pessoa me permite, ¿qué nos podía dar la Magic que no lleváramos dentro ya? ¿Qué íbamos a descubrir en esa ruta que no hubiéramos descubierto ya en nuestra vida?
Cuando salíamos de los muros de roca, roja y compacta, como los mejores de Chamonix. Con sus corredores de hielo recorriendo las fisuras. Aparecían infinitos campos de nieve, tan profunda que nos veíamos obligados a serpentear para poder avanzar. La línea recta era siempre la más costosa o en más de una ocasión la imposible. Querer llegar a un campo no servía de nada, sumábamos más y más días de trabajo en altura. Acabar de reinstalar, volver a abrir huellas, abastecer campos y poco a poco ir subiendo algunos metros por ese camino que llegaba a muchas partes en nuestro interior. Debajo nuestro las tiendas de la base se desplegaban sobre la morrena del glaciar como una mancha multicolor. Volver a ellas era una inacabable sucesión de un centenar de rápeles por el filo de los pilares de roca y la profundidad de corredores de nieve.

AL VIENTO
Los días han ido pasando y estamos casi solos en el campo base. Seguimos escalando y esperando. La vida es aquí y ahora vivir, aunque no queden ganas para hacerlo. Pero en la montaña es tan importante saber ver la cima desde el valle profundo como el valle desde esa cima entre las nubes. Y mi camino cambia de rumbo, tomo la decisión que todos mis compañeros sabían. Uno no puede dormirse tomando decisiones y si no las tomas la fuerza desaparece y tortura tus pasos.
Una comida de despedida y el calor de los abrazos calientan mi cuerpo que desciende abriendo huella en la nieve recién caída en el glaciar. En mi corazón tengo la certeza que ellos van a llegar a la cima. Pero que mi camino se separa.
Jordi, Manel y Òscar llegan a 8100 metros de altura. Preparan el terreno hasta 8300, sólo queda un muro rocoso y la arista cimera con nieve muy profunda. El día después los tres llegan a ese punto y mientras Manel y Òscar decidirán descender Jordi toma una decisión diferente. Asume un largo y comprometido ascenso a la cima. A un lugar en su mente que pasa por la cumbre de esa montaña. Un camino que nos ha enseñado muchísimo a los demás y todos a nuestro nivel deberemos meditar.
La Magic se ha repetido. Un pequeño equipo ha cumplido su objetivo, Jordi ha llegado a la cima. Ahora la vida sigue y encontraremos nuevos retos, el K2 ya es pasado y la Magic nos han enseñado nuevas cosas o no, pero han madurado muchísimo nuestras mentes.

AL VACÍO
Desde la melancolía que da la razón a la tristeza puedo ahora sonreír con Manel. Su recuerdo me acompaña mucho en estos días. Su sonrisa aparece en mis párpados cerrados cuando respiro y cojo magnesio antes del paso duro. Físicamente no estará más entre nosotros, pero su forma de hacer y su camino están aquí. Haber compartido con él este viaje y muchos otros ha sido un placer y un privilegio.
La montaña no se quedó con Manel, Manel se quedó en la montaña. La montaña es un montón de piedras, ignora el sentido del bien y el mal. La sabiduría está en nosotros, no en ella. Cuando alguien está continuamente preparado para morir adquiere la maestría de la vida. Gracias Manel.
 

Artículos más Leídos

News image

Los glaciares: Testigos del cambio climático

El sistema climático no es invariable. A lo largo de la historia del Planeta, desde...

News image

Tecnología Grifone en el mundo de la moda

En la semana de la moda celebrada en París a finales de enero de 2004 ...

News image

Por la cara norte del Cadí

La sierra del Cadí es, sin duda alguna, una de las más emblemáticas de Cataluña ...

News image

Promesa cumplida

Jorge Egocheaga, el alpinista asturiano, consiguió subir, casi corriendo, el Aconcagua en siete horas y...