Lunes 06 de Septiembre de 2010
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La cima de Alaska PDF Imprimir Correo electrónico
Alaska es todavía una de las últimas fronteras del planeta; el gran norte. Una tierra de buscadores de fortuna que todavía conserva su carácter pioneroLa cima de Alas

 

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El estado más grande de los Estados Unidos sigue en estado salvaje, y su territorio alberga imponentes montañas, glaciares y los bosques infinitos de la llanura interior. En él encontramos el McKinley o Denali la cima más alta de América del Norte con 6.194 m.
La avioneta sobrevuela la tundra ártica, nos alejamos de la civilización camino del techo de América del Norte. Es una región inhóspita. ¿Inhóspita? La avioneta sobrevuela el glaciar donde está ubicado el campo base. Desde el aire se distinguen una cincuentena de tiendas y dos avionetas descargando gente y material. Un centenar de personas caminan entre las tiendas preparándose para emprender la marcha.
Al salir de Talkeetna visitamos a los rangers. Allí nos dimos cuenta de lo masificada que se encuentra la vía normal. Tanto es así que a los que suben a la montaña por esta vía se les provee de bolsas para defecar e incluso un orinal con tapa para el último campo. Un sistema peculiar pero que parece funcionar. Así se evitan problemas intestinales al fundir nieve. Claro que se dan situaciones surrealistas, como encontrarte caminando durante horas detrás de un trineo cargado de cacas.
Al aterrizar entramos en un mundo organizado que dista mucho de lo que para nosotros significa la montaña. Control de cargas de gas, de latas de gasolina para cocinar, de basuras, de depósitos y de los orinales que bajan desde el campo 4. Todo debe estar bajo control.
Nos entregan nuestros litros de gasolina, los trineos, las cañas, las bolsas y nos disponemos a plantar la tienda en el lugar asignado. Es difícil encontrar un hueco entre tanta tienda y tanto depósito. Cada expedición deja en el campo base ropa, material o comida para la vuelta. Se entierra a más de un metro de profundidad y se marca con unos banderines con la fecha final de recogida y el nombre de la expedición para así poder ponerle la multa a alguien en caso de que no se retiren. Estos yanquis están en todo. Al menos podremos utilizar los servicios del campo. Retrete abierto con vistas al Mount Foraker, desde donde se controla todo el que llega o se va del campo base. Servicio de bar y despertador al son de las avionetas.
Al poco de instalarnos llegan los hermanos Carbonell. Dos valencianos cargados con el equipo de una expedición rusa. ¿Cómo conseguirán arrastrar semejantes trineos?
A nosotros nos gusta la ligereza. Si habíamos reducido al máximo lo que traíamos, aún dejaremos los porsiacasos aquí. Enterramos una buena cantidad de quilos de ¿y si…? y nos disponemos a organizar los trineos. Montar un trineo es todo un arte. Ni muy alto, porque vuelca. Ni muy ancho, porque abre mucha trocha. Con cuerdas, con barras, muy largo, muy corto. Más en la espalda, menos arrastrando o al revés. Todo el mundo tiene unos truquillos que enseñarte. Al final seguro que vas incómodo. Lo montes como lo montes, siempre piensas que ha de haber mejor solución y acabas queriendo lanzarlo en cualquier grieta. Te adelanta en las bajadas, se encalla en las subidas, te oprime la cintura, y te lanza al abismo cuando ladeas. Todo un placer.

ASCENDEMOS
Salimos hacia el Motorhill. El trineo es enorme. Comida para la aclimatación, comida para la vía, material, peso y más peso que tenemos que arrastrar durante largos kilómetros de glaciar.
Queremos subir la vía Cassin. Un magnífico espolón que parte en dos la cara sur y llega a la cima directamente tras recorrer los tres mil metros de desnivel que lo separan de su base. Para ello dejaremos otro depósito con material más técnico en el campo al pie del Motorhill, donde se bifurcan los valles del Kalhitna. La idea es aclimatar en la normal bajar hasta aquí y adentrarnos después en el llamado “valle de la muerte” que nos llevará el pie del espolón Cassin.
El tiempo es bueno y parecen exageraciones lo que nos contaron del Denali. Pero pronto sabremos que no.
Por la mañana empezamos a ascender el Motorhill (llamado así porque un iluminado subió por aquí en moto). Empieza a soplar una brisa. Rápidamente se convierte en huracán. Las huellas no se ven y el compañero se pierde entre la niebla pocos metros más allá. Suerte que los rangers marcan el camino cada pocos metros con unos banderines. ¿Pero qué haremos si las banderas vuelan? ¿Y si alguien se las lleva?
El terreno llanea ahora y en mitad de la ventisca divisamos una tienda aguantando el temporal. Mochila Altus. Caramba, paisanos. “Hola, ¿hay alguien?” Claro, son los militares de Jaca que también van a la Cassin. Después de unas risas seguimos subiendo.
Llegamos a un campo. Las tiendas se desparraman a lo largo del camino, gente que sube, que baja, montan tiendas, entierran depósitos o se separan discretamente con la bolsa en una mano y el papel en la otra.
Vamos a seguir que aquí somos demasiados y aún es muy pronto, quedan muchas horas de luz. De hecho quedan tantas horas de luz como para no parar nunca. El sol se pone durante unas horas pero no llega a oscurecerse nunca. Ahora entiendo las ascensiones “non stop” de Twight y compañía. Lo difícil es dormir.
Llegamos a otro campo que encontramos entre la niebla. Los campos son aglomeraciones de tiendas; aunque encontraremos tiendas jalonadas por todo el camino. Buscamos el hueco dejado por otras tiendas y así ahorramos construir los muros para protegernos del viento. Aún conseguimos dejar otro depósito. Los esquís, gasolina, comida, material. Es increíble lo que puedes reducir por arrastrar menos peso en el dichoso trineo. Pero que digo, ¿y si dejamos elputotrineo? Mañana subiremos al Medical Camp con la mitad de la carga, aclimataremos y volveremos a dormir. Después ya subiremos con el resto para quedarnos.
Al día siguiente la tempestad nos deja clavados en la tienda. Todo el día nevando, fundimos nieve, y más nieve. Vemos pasar gente, subiendo y bajando. Aquí la gente no para nunca. De hecho si esperas el buen tiempo quizá no avances nunca. Así que nos apuntamos a la táctica de “sube mientras el viento no te arrastre cuesta abajo”.

HISTORIA DE UNA GRIETA
Salimos con mal tiempo. Niebla, viento, nieve. Pero vamos ligeros y progresamos bien. Enseguida atrapamos a los que arrastran trineos por la pendiente. Seguimos la traza pero van muy lentos, así que empezamos a adelantar por fuera. La nieve virgen está suelta y nos hundimos por encima de la rodilla. Volvemos a la huella. La columna de gente es interminable. Adelantamos cordadas, una tras otra. Las cuerdas se lían, pisotones con los crampones. Tropezones. Esto no puede ser. Tendremos que seguir el ritmo. Pasamos la Windy Corner, una pendiente helada que hay que flanquear. Los trineos cuelgan de lado de sus portadores. Pero al menos el hielo permite avanzar por el lateral.
Paramos más adelante, en un llano, para quitarnos algo de ropa. Ahora luce un sol abrasador. Unos metros más adelante varios grupos están parados dejando sus cargas enterradas para acabar de subirlas mañana.
Tenemos la cuerda recogida. Guardamos la ropa en la mochila y sacamos algo de comer. Jordi acaba de llegar, se para en mitad del camino a comentarme la jugada. Joan está un par de metros mas allá. Pasa un guía americano. Se para junto a Jordi para decirle, de malas maneras, “sal del camino, que molestas”.
De repente todo retumba, el suelo se abre bajo los pies de Jordi y el yanqui. Me lo miro perplejo. Una grieta avanza hacia mi pie. Todo pasa muy poco a poco pero no da tiempo de reaccionar. De repente estoy volando cabeza abajo hacia la oscuridad. Pienso en Mónica, mi mujer, en los hijos de Jordi, en Joan que está arriba sin creerse lo que está pasando, en mi madre, en el yanqui y en la madre que lo parió.
Todo sucede lentamente. Bajo envuelto en nieve que de vez en cuando me deja ver la oscuridad del abismo. No hay nada que hacer. La caída es interminable. Solo espero que todo acabe rápido, un golpe seco, indoloro, punto y final.
El golpe es seco, eso si. Pero de indoloro nada. Claro que cuando levanto la vista, aturdido y veo de donde vengo (casi veinte metros), pienso que no duele tanto como debería. Me pongo en pie, ¡estoy entero! Solo me duele la costilla; debo haberme golpeado con el palo de esquí.
La mano me sangra a través del guante pero no parece importante. Busco a Jordi, le grito. Parece que está bien. Al caer le ha dado tiempo de agarrarse al americano y la cuerda les ha frenado a los dos. El aterrizaje no ha sido tan brusco como el mío pero ha ido más abajo. Estamos sobre nieve inestable. Lo importante es afianzarse contra las paredes y conseguir otra cuerda, ya que el yanki está como poseído y solo intenta escapar, que lo icen rápido. En su desespero nos pisa con sus crampones y a punto está de causar mas daño. No sé que teme, que más nos puede pasar...
En la superficie todo se acelera. Joan consigue salir de su asombro, reacciona y salta sobre el asegurador del americano, que se desliza sin remedio sobre la nieve hacia el agujero. Rápidamente unos guías y un grupo coreano instalan cuerdas de socorro. Nos llegan rápidamente unas poleas y antes de que nos demos cuenta nos sacan de allí. Volver a la superficie es como volver a nacer, paridos por la madre tierra. De la oscuridad a la luz cegadora. (¡Los guías cronometran 43 minutos para el rescate!).
Después del susto, hay que seguir, sacudirse la nieve y continuar. Subimos hasta el Medical Camp. Allí somos el centro de atención. ¿Qué pasa… no os habéis caído nunca en una grieta?

MEDICAL CAM
El Medical Camp es, de hecho un campo base avanzado. Todo el mundo espera allí. Esperan buen tiempo, buena aclimatación, el momento óptimo para ascender o un motivo para descender.
Las tiendas se apiñan allí como para darse calor. Se hacen muros, igloos, mesas y bancos de nieve, cocinas. La gente se prepara para pasar aquí unos días. Y en el centro del campo: el retrete. Un water a cielo abierto de cara al mundo. Resulta curiosa la normalidad con que la gente lo utiliza mientras otros se pasean, charlando, por delante.
Los rangers también tienen un campo aquí. Hasta una tienda enfermería.
Caras conocidas, de muchas nacionalidades y varias religiones. Caras bonitas, modelitos para la ocasión y algunos montañeros con ganas de disfrutar.
Subimos al campo superior con intención de atacar la cumbre. Hace frío en la arista y nos desgastamos rápido. La aclimatación no es buena aún. Paramos a descansar unas horas. No nos reponemos. Intentamos pasar la noche en una de las tiendas vacías que hay allí. Pero el frío durante la noche es intenso y no conseguimos descansar sin saco. Envidia nos dan los Carbonell que como han conseguido subir incluso la tetera y están a cuerpo de rey, aguantarán más de cinco días aquí.
Pues nada, nosotros para abajo, tampoco iba a sonar la flauta a la primera.
Por la mañana bajan los militares de Jaca. Adriano tiene graves problemas en las manos. Hicieron cumbre de madrugada y se le helaron haciendo fotos. Le curan los dedos en la tienda enfermería, pero el médico dice que tiene que abandonar el campo lo más rápido posible, y que el helicóptero no puede volar. ¿Pero como va a bajar solo, sin usar las manos?
Se organiza una misión de rescate. Los de Granada y Jordi le acompañarán. Jordi no es el mismo desde la grieta, pero al final conseguimos convencer a los rangers de que espere un helicóptero.
Los días en el Medical se hacen interminables. Largas horas fundiendo nieve, paseos hasta los rangers para ver el último parte. Casualmente la ranger bonita sale cada tarde, a la hora del parte meteorológico, para deslizarse sobre los esquís por la pala que hay delante del campo. Todos disfrutamos de sus bellos movimientos.

CUMBRE DEL DENALI
Salimos con lo justo para pasar una noche en el High Camp. Llevamos gas. La gasolina nos gasta demasiadas malas pasadas. El hornillo se atasca continuamente, me saca de quicio. Por suerte unos granadinos que hicieron cumbre días atrás nos dejan los suyos.
En el High Camp hay tensión, la gente lleva demasiados días esperando. Algunos han desistido y se retiran de la montaña. Los hermanos Carbonell han aguantado estoicamente el mal tiempo.
Por la mañana el frío es intenso (-30ºC a las 8h en el interior de la tienda) pero el tiempo es estable. Todos se apresuran para salir hacia la cima. Las cordadas se agolpan en la pala que sube al cuello. El ritmo es lento, así que esperamos un rato que el sol caliente y se despeje la zona.
Salimos pasadas las nueve y media, enseguida atrapamos la cola de gente que avanza muy lentamente. Adelantar por fuera de la traza es imposible, la nieve es reciente. Más de dos horas para salvar 200 m de desnivel… Por suerte al llegar al cuello el terreno es más abierto y la nieve está dura. Poco a poco vamos dejando gente atrás. Al llegar al Football Field bajo la pala final, avanzamos a los primeros alpinistas.
La última pala es interminable. Una fuerte pendiente, donde falta el aire a cada paso. El tiempo es bueno, incluso hace calor. Al final de la pala viene lo mejor de la vía: una afilada arista somital, espectacularmente aérea se abre camino hasta la cumbre. Llego allí totalmente solo. Puedo disfrutar de la soledad, del impresionante paisaje y la sensación de estar en un lugar inaccesible. Pero la sensación dura escasos treinta minutos. Empiezan a llegar hordas de gente. Así que hacemos las fotos de rigor, algún video y bajamos. Han sido casi dos horas disfrutando de la cima. De bajada nos cruzamos con Raúl y Blai Carbonell. Animo que ya lo tenéis y el tiempo es bueno.

REGRESO
Descansamos en el High, pasamos la noche y por la mañana recogemos y bajamos. La vuelta al Medical Camp es larga y pesada. Recogemos todo el material y bajamos cargados como mulos. Pero aún tendremos que cargar todos los campos y depósitos que habíamos dejado por el camino. Estamos exhaustos, el tiempo vuelve a empeorar.
Bajamos hasta la bifurcación del Kalhitna Glacier. Es tarde, llevamos muchas horas caminando con mal tiempo. Hemos bajado de 5.300 a 2.100 m del tirón. Plantamos la tienda para descansar unas horas. Casi no hablamos, ya hemos descartado el meternos en la Cassin. Pero ninguno quiere afrontarlo. Demasiados días de mal tiempo, demasiadas calamidades, demasiado frío, y ahora con la cumbre en el bolsillo quien saca la suficiente motivación para seguir escalando.
Por la mañana el tiempo es de perros, el viento arrecia y lanza perdigones de nieve contra la tienda. Solo unas miradas y sabemos que debemos retirarnos. Grandes séracs amenazan a la entrada del valle de la muerte. Unas huellas se adentran por el valle, las miramos pensando ¿y si...? Pero la decisión está tomada.
Tras unas horas arrastrando el trineo por el plano glaciar, llegamos al campo base. Parece que estemos en el lugar más concurrido de la tierra. Movimiento de gente, avionetas, rangers. Calor.
Volvemos a encontramos con Babanov que después de tres intentos a cumbre se retiró hasta aquí para descansar y ahora sale para abrir una ruta en la cara sur. Los hay más incombustibles y fanáticos que otros…
A nosotros nos esperan unas cervezas de la victoria, una ducha caliente, dormir en una cama (¡ con la habitación a oscuras!)… y volar hacia casa.

Eduard Sánchez
Alpinista y escalador, une a estas disciplinas una intensa actividad en btt, cubriendo rutas exóticas por todo el mundo.
 

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