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Jorge Egocheaga, el alpinista asturiano, consiguió subir, casi corriendo, el Aconcagua en siete horas y cincuenta y dos minutos, consiguiendo así un nuevo record
Clicar imagen para ampliar Para él no significa ninguna hazaña, simplemente tenía que cumplir una promesa. Se ha hablado de record, de competiciones. No estoy en contra de ello, más bien al contrario, siempre que se respeten las reglas del juego y sobre todo el terreno de acción, en este caso nuestras queridas montañas. Sin embargo, en esta ocasión, no se trataba de eso. Simplemente consistía en intentar cumplir una promesa, aquella que le había hecho a Nancy Silvestrini bajo el techo de la estrellada bóveda Baltí, pocos días antes de que ella se fuese para siempre: “intentaría subir el Cerro, el Centinela de Piedra, la que era su montaña, esa que tanto amaba, lo más rápido que pudiese”. Y lo intentaría desde abajo, desde dónde llegan los coches, pues siempre había bromeado ...
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